Volvió a partir el barco,
sin aviso, sin rumbo
y, aparentemente,
sin causa.
Estamos a 26 de Agosto.
Se ha recostado la tarde.
-Tengo frío de invierno.-
Me preparé un té,
lo acompañé con un par de pastas,
pequeñas,
y unas hojas de menta;
a mí... con su ausencia.
Sabe amargo.
Me fijo en el reflejo del líquido
y tras la calma de la opacidad
de los vidrios de mis pupilas
gotea niebla
gotena noche,
gotea tristeza.
El suspiro de mi boca
está cosido a su boca
con el áspero cordel
del silencio.
Imaginando su posible retorno
-o no-
me voy deshaciendo
en hora amarga, en acre espera
y en... nostalgia.